Historia de la Cofradía de La Pasión

 

BREVE RESEÑA HISTÓRICA

  INTRODUCCIÓN
        DE ROMA AL CRISTIANISMO
        El ASENTAMIENTO DE LAS COFRADÍAS
 

ESPAÑA EN EL  SIGLO XVI. LA FUNDACIÓN DE LA PASIÓN

        REGLA DE LA COFRADÍA PENITENCIAL DE LA SAGRADA PASIÓN DE CRISTO
        TÍTULO
        AGREGACIÓN A LA COMPAÑÍA DE SAN JUAN BAUTISTA DEGOLLADO DE ROMA
        LA IGLESIA DE LA PASIÓN
        EL HUMILLADERO DE LA PASIÓN
  VIDA Y FUNCIONAMIENTO DE LA PENITENCIAL
        HORA Y DIA DE LA PROCESIÓN DE PENITENCIA
        FUNCIONAMIENTO DE LA COFRADÍA
        OBRAS DE MISERICORDIA
       LAS COMISARÍAS EN LA COFRADÍA DE LA PASIÓN
  EL ARTE EN LAS COFRADÍAS
  LA COFRADÍA EN LOS SIGLOS XIX, XX Y XXI
        LA COFRADÍA HOY

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Sería interesante, antes de entrar a dar algunas pinceladas sobre  la historia de una de las cofradías más antiguas de Valladolid,  la de la Sagrada Pasión de Cristo, afrontar en primer lugar la idea misma  de lo que es una cofradía. Sin ánimo de profundizar en el tema, lo que nos llevaría a investigar sobre la misma génesis de las cofradías,  no siendo este el lugar para tal investigación, podemos hacer una primera aproximación definiéndola  como  una congregación o hermandad piadosa de personas devotas. Nada más y nada menos que esto. La defini­ción podríamos tacharla de simplista, pero hay que tener en cuenta en primer lugar que, nunca, en términos generales,  una definición complicada vino a arrojar más  claridad sobre lo que es objeto de definición y en segundo lugar que es precisamente la simpleza la clave de su entendimiento.

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DE ROMA AL CRISTIANISMO

 

Si tuviésemos que hacer un ejercicio retrospectivo referido a los primeros orígenes de las cofradías, bien podríamos decir que, dejando a un lado fenómenos asociativos de culturas como la persa o la egipcia es en Roma donde encontramos la raíz de lo que hoy conocemos como cofradías. A este fin es interesante para el estudio que nos ocupa la organización fundada en el año 70 durante el principado de Nerón formada por leñadores. Su noticia deriva de un monumento encontrado en Monteleone (Terni) y  que  en la actualidad se conserva en Roma, donde las inscripciones que aparecen en el mismo nos llevan a una región muy arbolada, boscosa, donde se trabajaba y se vendía la leña. A esa corporación se la denomina en la inscripción  “familia” y estaba dedicada al dios Silvano. En la misma inscripción se puede leer que el fundador de la misma, M. Valerius Dexter ofreció  una fiesta el 15 de julio en la que se sirvieron pasteles de miel y por ello fue excusado de su contribución mensual.

 

Entre otros, el fin que perseguía tal asociación era asegurar a cada uno de sus miembros una sepultura en el cementerio de la misma. La dirección estaba encomendada probablemente a dos personas a los que se les denominaba magistri que eran elegidos anualmente y que tenían como una de sus misiones principales el organizar la fiesta anual del 15 de julio en honor del dios tutelar.

 

Los socios estaban agrupados en cuatro decurias, las cuales contaban con veinte miembros cada una de ellas. Cada decuria contaba con personas encargadas de recoger las contribuciones de cada socio e incluso de cobrar las multas a los transgresores del estatuto. Probablemente serían también dos las personas encargadas de tal menester a los cuales se les llamaba decumani. A los miembros de esas asociaciones las leyes les permitían reunirse con cierta periodicidad con el fin de recoger las contribuciones de los socios, o para celebrar algún rito de tipo religioso. Como toda reunión de personas, independientemente de su carácter, estas asociaciones estaban asentadas sobre un estatuto por el que se regían. A esos estatutos se les denominaba  lex.

 

Todavía se conservan algunos de esos estatutos que pueden arrojar luz no solamente sobre la organización interna de la asociación o sobre los fines que les eran propios, sino también sobre las mismas instituciones que, salvando las distancias gobernarán esas asociaciones en el medioevo y que han perdurado en los tiempos presentes. Nos sorprendería hasta que punto se asemeja la organización interna de estas asociaciones romanas con la organización interna de las cofradías modernas; incluso los fines que perseguían aquellos hasta hace bien poco entre otros también les perseguían las cofradías. Baste recordar que todavía en la primera mitad de este siglo nuestra Penitencial costeaba todos los gastos derivados del fallecimiento de un hermano.

 

Llegados a este punto, se cumple el tiempo prescrito por Dios para que llegara al mundo su Único Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, Salvador del género humano  quien a través de su sacrificio debía reconciliar a la humanidad con Dios después de la caída de Adán y Eva en el Paraíso. Llevada a efecto la misión salvífica con el nacimiento, vida pública, pasión, muerte, resurrección y ascensión a los cielos de Nuestro Señor,  los cristianos después de esos primeros tiempos comienzan a organizarse. Bien podemos decir que las cofradías se remontan a los primeros tiempos, a esos primeros seguidores del Divino Maestro. Estos  ya se comportaban de igual  manera que se comportaban los romanos respecto a determinadas necesidades; podríamos decir que la cofradía era la entera comunidad cristiana de los primeros tiempos, aún no necesitando de mucho estímulo  para la práctica de las buenas obras, el fortalecimiento de la fe y el mantenimiento del sentido religioso en todos sus quehaceres diarios,  porque de todo ello nos dejaron buena prueba.

 

En los  primeros años del cristianismo una iglesia emergente y pujante en su desarrollo se encuentra con la necesidad de designar las instituciones que desde su interior surgen, y para ello toma del latín los vocablos necesarios. Pero no solo esa iglesia emergente se vale del latín, el medioevo define algunas asociaciones en las que se va articulando la sociedad con términos latinos: collegium, consortium, societas, son los términos utilizados  para designar  en su origen corporaciones de personas que desarrollaban una misma profesión, o la reunión de personas que daban culto a una misma divinidad, o asociaciones de personas que deseaban asegurarse una sepultura en el cementerio adquirido en común.

 

La confirmación  de la existencia de las cofradías por parte de la Iglesia Católica viene de alguna manera tolerada,  por el hecho de entender que esas asociaciones de fieles podían  servir de estímulo para la práctica de las buenas acciones fundadas en las Obras de Misericordia, el fortalecimiento, sostenimiento y desarrollo  de la fe  y para mantenimiento vivo del sentimiento religioso en el pueblo cristiano.

 

Unirse, asociarse para la realización de un determinado fin facilita innega­blemente su consecución.  Esa unión de volunta­des y esfuerzos hace posible conseguir lo que a una sola sería quimérico alcanzar. Este puede ser el origen de las cofra­días desde la perspectiva puramente  cristiana;  en una religión fundada en el amor a Dios y al prójimo como a uno mismo  en palabras del mismo Jesucristo, la puesta en practica del culto a Dios y la puesta por obra de las Obras de Misericordia era por decirlo de alguna manera la plenitud de la misma.

 

Un dato característico de estas asociaciones de fieles es el patronazgo de un Santo al cual consagran todos sus quehaceres y culto ejerciendo  en su nomb­re los actos de piedad y beneficencia a los que estaba obligada. En fin el origen y fin último de las cofradías era, y lo sigue siendo,  rendir culto a Jesucris­to, la Virgen y los Santos poniendo a estos como patronos y a la Iglesia como directora,  haciendo para con el prójimo obras de caridad que no sería otra cosa que el reflejo tangible de ese culto hacia Jesucristo y su doctrina.

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El ASENTAMIENTO DE LAS COFRADÍAS

 

Pero pasado el tiempo se hizo necesario  reglamentar esas asociaciones; ya no era la entera comunidad la que “comulgaba” con una determinada manera de ver las cosas, de buscar, o mejor, de facilitar esa práctica de las buenas obras y ese fortalecimiento de la fe. Quizás las cosas para el cristianismo ya no eran tan complicadas como en los primeros tiempos; una determinada relajación en ese constante sobresalto por la conservación de la propia vida de los primeros cristianos  vino a traer esa “libertad” de poder encon­trar cauces diversos,  medios diversos para llegar a alcanzar  los fines  antes indicados, porque, debe quedar claro que las cofradías fueron y lo siguen siendo medios para alcanzar unos fines.

 

Es en el s. IX cuando podemos hablar en sentido estricto de la sujeción de estas asociaciones a unas Reglas o condiciones de asociación  completando su perfección a partir del s. XIII. Tenemos como ejemplo los gremios  en la Edad Media, los cuales bajo la advocación de un santo se constituían en Cofradías. Son incontables los ejemplos que tenemos de esta especie de transición.

 

Pero las cofradías, como todo lo humano, estaban dirigidas por hombres; barro, al fin y al cabo y con el pretexto piadoso, se come­tían abusos y escándalos. Para tratar de paliar en la medida de lo posible estos abusos y desviaciones de lo que en un principio era una asociación para fomentar y estimular la práctica de las buenas obras y estímulo de la fe, el Papa Clemente VIII en una Bula de 1.604  dispone  la necesidad  de la autorización de los prelados en las diócesis donde están enclavadas, ni participar individuos inte­grantes de las mismas  de las  gracias e indulgencias que les correspondiesen  por fundación  o por especial favor de la Santa Sede mientras no se aprobaran sus reglas por el diocesano. Aún así algunas cofradías en razón de su antigüedad y de su importancia  se las permitía el privilegio de poder serles agregadas otras y de ese modo participar de las indulgencias y gracias concedidas a aquellas, pero como requisito esencial para la agregación seguía existiendo la necesidad de la agregada estar erigida canónicamente y que tal agregación fuese verificada con un permiso especial de la Santa Sede, que generalmente recaía en los obispos.

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ESPAÑA EN EL  SIGLO XVI. LA FUNDACIÓN DE LA PASIÓN

 

Preten­demos en este resumen, dar una idea sencilla de como nació y el porque una de las Cofradías Penitenciales más antiguas de la ciudad. Llegar hasta aquí no ha sido fácil; han sido muchos los años de investigación y de estudio en archivos y bibliotecas, consultando obras de todo tipo y autor, documentos notariales, manuscritos, y sobre todo de parte de la documentación de la Cofradía en paradero desconocido y felizmente recuperada  hace unos pocos años,  cotejándolo todo ello  con los Libros de Cabildos que se conservaban en la Cofradía. Podemos decir sin temor a equivocarnos que ésta es esa historia que tanto  anhelábamos desvelar y tanto ha costado recuperar y ahora la presentamos para todo aquel que se acerque a cono­cerla guiado única y exclusivamente por el ánimo de saber un poco más de la historia de nuestra Penitencial, y por extensión de la historia de Valladolid porque, se quiera o no, la historia de las Cofradías esta íntimamente ligada con los avatares  históricos de la Ciudad.

 

Con todas estas premisas aún hay que decir que no es fácil hacer un resumen histórico de ninguna institución o acontecimiento histórico sin caer en la tentación de hacerlo analizando esa institución o ese acontecimiento histórico aislada­mente, sin relación con el mundo que le vio surgir. Sería imposible abarcar en esta historia resumida, la amplitud de los acontecimientos históricos vividos en España en general y en Valladolid en particular  en el momento en el que la ciudad vio surgir en la última década del siglo XV y primera mitad del siglo XVI a las Cofradías Penitenciales

 

Hay que comenzar diciendo que nos situamos en una de las épocas más importantes de la historia de España. Nos asentamos aproximadamente en la primera mitad del llamado Siglo de Oro, período comprendido, según los estudiosos entre los años 1518 y 1648, aunque los límites tanto en el comienzo como en el fin del mencionado período son borrosos. Sin entrar a profundizar sobre este período, bien podemos decir que esta condicionado por tres ideas básicas: el erasmismo, el luteranismo y la Contrarreforma. Dejando de lado las dos primeras ideas,  la efectividad de los mensajes religiosos contrarreformistas, se produjeron por la vía  de la escenografía que representaban las procesiones, que fueron la gran exaltación del sentido religioso, dotándose cada vez de mayor aparato ceremonial.

 

Se promocionan fiestas como el Domingo de Ramos, el Jueves Santo, el Viernes Santo y el Domingo de Pascua. Joly, se refiere a las procesiones de Valladolid en estos términos: “...La doliente procesión de los penitentes que va por la ciudad... Se azotan  con exceso y pasan en procesión por la noche, con tanta tristeza que no hay corazón tan duro que no se conmueva.”

 

De igual modo, sin entrar en profundidades que no son el objeto de este trabajo hay que hablar al menos de manera somera de la Inquisición. En primer lugar hay que decir que toma la denominación de un procedimiento de tipo penal específico: la “inquisitio”, que no proviniendo del derecho romano tenía como característica la formulación de una acusación por iniciativa de la autoridad. Ya a finales del siglo XII y como consecuencia  de la rápida difusión por Europa de herejías como el maniqueísmo y el catarísmo obligan a la Iglesia cristiana a tomar posiciones de defensa adoptando el procedimiento inquisitorial con un  decreto del Papa Luciano III, llamado “Ad abolendam”. En España la Inquisición toma carta de naturaleza cuando el 1 de noviembre de 1478 el Papa Sixto IV en su Bula “Exigit sinceras devotionis affectus” concede a los Reyes Católicos el poder nombrar a determinadas personas para desempeñar el oficio de inquisidores

 

Con estas aproximaciones podemos situarnos en el tiempo y decir que en el siglo XVI, la península ibérica era el centro de Europa, y el camino obligado hacia América. Descubierto el Nuevo Mundo, España se convierte en  el centro de reunión de culturas diversas con una más que difícil conviven­cia. Aún así estas culturas convivían unas al lado de otras con elementos dispares y comunes, pero tolerándose unos a otros. La cristiandad, se conservaba pura en España sin que el error propagado por Lutero calase en el sentimiento reli­gioso del pueblo. Eran los tiempos de Luis Vives, de Domingo de Soto, Francisco Suárez y de Vázquez de Menchaca, vallisoletano enviado por Felipe II al Concilio de Trento que convocado por el Papa Julio III combate la apostasía de Lutero.  En algunos años antes de la convocatoria de este Concilio podemos datar la fundación de la que vulgarmente conocemos como Cofradía de la Pasión. Aún pudiendo remontarse sus orígenes al siglo XV  los datos de los que se dispone, avalan de manera irrefutable el mes de octubre del año 1.531 como fecha exacta de su fundación. Fue instituida por el Párroco, el Beneficiario y el Sacristán de la parroquia de Santiago llamados Mateo Fernández, Cosme de Pesquera y Juan de Rejas. De varios documentos notariales extraemos unas primeras líneas de la Regla fundacional donde se deja bien patente la fecha y los propósitos de su fundación. Tales líneas se transcriben en su versión original tal y como aparecen en los mencionados documentos:

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REGLA DE LA COFRADÍA PENITENCIAL DE LA SAGRADA PASIÓN DE CRISTO DE LA CIUDAD DE VALLADOLID

 

“Las obras que los sabios y santos doctores hicieron, siempre procuraron poner en ellas el día, mes y año,  en que fueron co­menzadas e criadas, a exemplo de Dios nuestro señor, al qual plugo que se supiesse y fuesse notorio el tiempo en que se criaron e ficieron los cielos e la tierra, por ende, siguiendo la dicha doctrina y queriendo que agora y perpetuamente se conozcan y sepan por todos quien fue caussa e principio de se hordenar y facer esta congregacion y cofradia, quando, en que tiempo se principio el fruto y buen exemplo que della saldra, decimos y facemos saver que en el mes de octubre  del año que passo de mill y quinientos e treinta e un años, ciertos buenos hombres de la collacion de señor Santiago desta noble villa de Valladolid, lo consultaron con cura y benefiziado y sacristan de la dicha yglesia de señor Santiago.... comencaron, criaron, hicieron la dicha cofradía y hermandad de la Passión de nuestro señor Jhesucristo, e crehemos que por alumbra­miento e ynspiración del Spiritu Santo, porque tal obra, como está tan santa, tan catolica, tan azepta a Dios nuestro señor, y llena de tanto amor y charidad, no se haría ni podria hacer ni de nuevo criar sin yntervenir en el comienco, medio fin della su santo espíri­tu e gracia nosotros, pues tenemos la bocación de la sanctísima passion y penitencia de nuestro señor Jhesucristo, y con entera devoción nos los dichos cofrades el viernes sancto de la Cruz nos juntemos todos a las dos oras despues de la media noche en el Monasterio de la Sanctissima Trinidad.... para hacer la dicha cofra­dia disciplina, e ende salgamos todos juntos en la procesión, y el cofrade que no viniere a la tal procesión, que le sea sacada en prenda por media arroba de cera y se diszipline el tal cofrade o cofrades que aquel dia no se disziplinaron, el dia de la passion y maxime xpe o el domingo adelante quando por el cavildo fuese acordado...”

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TÍTULO

 

Sobre su nombre primigenio, de la documentación obrante, se desprenden opiniones diversas y en ocasiones contradictorias, por cuanto que en documentos del año 1.577 se la titula como Cofradía de la Sagrada Pasión de Cristo y Cofradía de la Santísima Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Manuel Canessi, en su Historia de Valladolid la cita como Cofradía de la Pasión o de Nuestra Señora de la Pasión; también recoge el documento de traslado de los privilegios de la Cofradía de San Juan de los Florentinos, de Roma, en 1566, donde se lee V. (venerable) Cofradía de la Sagrada Pasión de Jesucristo, de Valladolid. Finalmente, en algunos Libros de Cabildos a partir de 1.805 se puede leer, Cofradía de Nuestra Señora de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

                  

De todo lo dicho anteriormente, podemos decir que no conviven pacíficamente las teorías al respecto dada la diversidad de títulos con los que se la presenta, pero bien podemos asegurar, y es lógico pensarlo así, que el nombre  originario de la Cofradía era de la Pasión de Cristo y al llamar Virgen de la Pasión a la imagen de la Piedad que presidía la iglesia, la advocación mariana fue adquiriendo importancia hasta unirse al mismo nombre de la Cofradía. El gran numero de referencias documentales escritas, así como gráficas (grabados y pinturas) referidas a la imagen de Nuestra Señora de la Pasión, permiten no solo avalar tal teoría sino también su historia desde el mismo siglo XVI. Además, se han conservado distintos elementos que completaban la imagen (cruz, mantos),  que hacen posible realizar una comprobación física incuestionable. La advocación de Nuestra Señora de la Pasión corresponde, iconográficamente, al momento en el que el cuerpo muerto de Cristo, descendido de la Cruz, es acogido por María en su regazo. Aunque la primera referencia documental de este grupo se encuentra en una relación de objetos y propiedades de la Cofradía de la Pasión, en 1.553 (dato recogido por Martí y Monso en sus “Estudios Historico-Artísticos, pag. 498) , la obra debe ser anterior; y parece lógico  que la cofradía debió contar desde estas fechas con su imagen titular. Según el historiador Manuel Canessi, la talla fue donada por Diego Sánchez Pintado, diputado de la Cofradía sin señalar la fecha. En 1.556 vuelve a inventariarse, esta vez acompañada de otras figuras de San Juan, la Magdalena y los dos ladrones (dato publicado también por Martí y Monso), lo que coincide bastante con la descripción que de este paso hace Pinheiro da Vega a inicios del siglo XVII.

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AGREGACIÓN A LA COMPAÑÍA DE SAN JUAN BAUTISTA DEGOLLADO DE ROMA

 

La cofradía se funda a imitación de la Venerable Compañía de San Juan Bautista Degollado, cuyo principal ejercicio era consolar a los condenados a muerte y disponerlos para bien morir, acompañándoles al suplicio, y enterrándolos solemnemente, y así queriendo imitar la Cofradía de la Pasión a tan piadoso instituto, solicitó participar de las gracias e indulgencias de aquella, para imitar la santa obra de asistir a los condenados a muerte en nuestra ciudad. Así, el 16 de junio de 1576 la Pasión tomó parte de las bulas, gracias, indulgencias, exenciones, privilegios y de liberar un preso el día de San Juan Bautista Degollado. La Venerable Compañía de San Juan Bautista Degollado, llamada de la Misericordia de la Ciudad Roma, (Arciconfraternita di San Giovanni Decollato detta de la Misericordia de la Nazione Fiorentina in Roma) fue fundada en 1488 por algunos devotos florentinos que veían el triste abandono en el que se encontraban en Roma los condenados a muerte  y es el Papa Paulo III quien  indirectamente y en razón de la agregación con la cofradía italiana concede a la Cofradía de la Pasión de Valladolid las mismas bulas, privilegios e indulgencias que aquella poseía. 

 

Avala esta teoría el protocolo por el cual la cofradía italiana concede a la de Valladolid tales bulas, privilegios e indulgencias, confirmando así tal dádiva, ya que nadie puede dar lo que no tiene,  ni dar aquello que no esta autorizado a dar. Desde siempre en la fiesta de la Cofradía que se celebra el 29 de Agosto, día que la Iglesia celebra la Degollación de San Juan Bautista, antes de los actos en honor del patrono, se procede a la lectura del mencionado protocolo.

 

Protocolo de Agregación

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LA IGLESIA DE LA PASIÓN

Como todas las Cofradías Penitenciales, la de la Pasión se puso como meta la construcción de su propia Iglesia. Las Cofradía en sus orígenes se reunía en el Hospital de ánimas de la parroquia de Santiago, hasta que inauguro iglesia en la calle del pasadizo de Don Alonso Niño (hoy calle de la Pasión) el 18 de marzo de 1581.

 

La primitiva morada, se encontraba situada junto a la iglesia de Santiago, describiéndola así un testigo de la época “la casa y hospital donde se juntan los cofrades de la Cofradía de la Pasión es casa muy pequeña, vieja y muy arrinconada y en parte muy oculta y que se quiere caer”. Esta situación de deterioro se declara abierta en acta del mes de abril de 1562 cuando el alcalde y mayordomos de la cofradía reconocen recibir una sentencia judicial que manda derribar el dormitorio de pobres, que debe de hacerse lo que fuera menester. Así, el domingo 19 de junio de 1575 se hace cabildo general para tratar de tomar el suelo que se encontraba situado en el pasadizo de D. Alonso Niño.

 

Con la licencia en el mes de marzo de 1577 se inician las obras. Juan de Mazarredonda, que en el año 1582 entraría como cofrade de luz, junto a Pedro del Río, también maestro de cantería (arquitectos) serían los encargados de la construcción del nuevo edificio, en el que también parece que intervino Juan de Nates. La inauguración de la iglesia se hizo constar en los libros del siguiente modo: “la primera misa que se dijo en el hospital nuevo de la cofradía de la Sagrada Pasión de Nuestro señor Jesucristo, hizo decir el ilustre Sr. D. Alonso de Mendoza, Abad de la muy noble villa de Valladolid, hoy sábado 18 de marzo de 1581”.

 

Corría el año 1666 cuando, no satisfechos los cofrades con este edificio para la iglesia y hospital, quisieron modificarle, siendo uno de los promotores Gregorio Rodríguez Gavilán, nieto del imaginero Gregorio Fernández. La reforma consistía en revestir de talla los arcos y las bóvedas. Así lo recogió el libro de actas: “Para el 5 de junio se llamó a cabildo a Felipe Berrojo, maestro que a de hacer la dicha obra, para mantener la formalidad de ella, por ser el más insigne que se conocen su profesión y no hay otro en esta ciudad de que se pueda fiar”.

 

La portería sería hecha de cantería, deshaciendo la anterior y una vez construida con piedra de las canteras de Campaspero, labrada por Pedro Ezquerra. El benefactor Rodríguez gavilán se hizo cargo del coste de las puertas, y, junto con dos cofrades más, se comprometieron a costear la media naranja de la capilla mayor de Nuestra Señora. Con esfuerzos y gracias a que se recogían limosnas a nivel de ciudadanía, se culmina el trabajo en el año de 1672. También intervino en estas reformas Antonio de la Iglesia.

 

En 1744 José Morante coronó el crucero de la iglesia con cúpula y linterna

 

La iglesia contaba con una nave central donde a ambos lados estaban colocados ocho cuadros de la vida de San Juan Bautista. Sobre estos cuadros estaban colocados otros ocho que representaban la vida de la Virgen. Hacia la mitad de la nave existían dos altares. A la derecha estaba situado la imagen del Nazareno del paso de la "Cruz a Cuestas". A la izquierda se encontraba un crucificado que debe corresponderse con el Santo Cristo del Calvario. Al fondo de la nave  estaban colocadas las imágenes del Cristo del Perdón y el Cristo de los Azotes - hoy N. P. Jesús Flagelado -. En el crucero, a ambos lados de la cúpula  estaban las tallas del Santo Cristo de las Cinco Llagas, que estuvo en el Humilladero del Puente Mayor, el grupo escultórico de la Degollación de San Juan, del que se conservan el cuerpo y la cabeza, y el Santo Cristo de la Elevación. En el presbiterio se situaba el retablo mayor con el camarín de la Virgen de la Pasión, Patrona de la Penitencial. Dicho retablo está fechado en el año de 1657.

 

En la sacristía había cinco hornacinas que albergaban distintas imágenes procesionales; en la central estaba la Dolorosa del paso "nuevo de la Virgen y San Juan", cuya imagen central es la del Santo Cristo del Calvario. La Dolorosa estaba flanqueada por San Juan y la Magdalena. A los lados estaban el Cirineo y la Verónica del Nazareno, obras de Gregorio Fernández. Al fondo estaba la cajonería y sobre ella dos espejos de marco negro. Completaban el conjunto tres cuadros, representando la Soledad, el Bautismo de Cristo  y Jesucristo en el Sepulcro. Finalmente en la sacristía había dos imágenes de la Piedad, una de las cuales debía de proceder de la capilla que tenía la Cofradía en el Convento de San Francisco, y una Virgen con el Niño.

 

En la sala de cabildos, colgaban dos cuadros que representaban el doble patronazgo de la Cofradía: la Virgen de la Pasión y la Degollación de San Juan Bautista.

 

Ésta fue la sede de la Cofradía hasta que el Arzobispo de la ciudad en virtud de un informe del arquitecto municipal, decidió cerrar al culto nuestro edificio ante la eminente ruina que presentaba, cuando se cumplía el primer cuarto del siglo XX.

Iglesia de la Pasión

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EL HUMILLADERO DE LA PASIÓN

 

Estuvo situado al otro lado del puente mayor, frente a la puerta de salida de la ciudad y muy cercano a los hospitales de San Lázaro y San Bartolomé. El humilladero estaba precedido de un atrio cercado en el que se levantaba una cruz de planta cuadrada y contrafuerte en sus ángulos; la puerta de ingreso ase hallaba desdoblada en dos arcos de medio punto. Esa cruz de la que hablábamos anteriormente no debía de ser la original pues en 1.598 fue derribada por una carreta tirada por dos bueyes; teniendo noticia de ello el alcalde de la cofradía, por mandamiento de la justicia  embargo el carro y los bueyes, aunque no se ejecuto tal embargo al comprometerse el dueño de la carreta  de nombre Marcos Llorente  a costear otra cruz igual en todo.

 

Según Manuel Canessi la gente iba en romería hasta el mencionado humilladero aún de lugares comarcanos. Como ya hemos dicho anteriormente podemos afirmar que allí se encontraba el que hoy conocemos por Santo Cristo de las Cinco Llagas, puesto que avanzando en el tiempo  encontramos noticia de que hacia el año 1.610 el Obispo de la ciudad Juan Vigil de Quiñónez concedió cuarenta días de indulgencia a todas las personas que delante del Cristo rezaran un Padre Nuestro y un Ave María por las almas de los ajusticiados allí sepultados.

 

El destino del Humilladero fue el de quedar como depósito de los restos de los descuartizados recogidos por los caminos a lo largo del año hasta llevarlo a sepultar el Domingo de Lázaro (5º domingo de Cuaresma) a la zona reservada para ellos dentro de la capilla que la Hermandad poseía en el desaparecido Convento de San Francisco. Ese día se hace un túmulo en el Humilladero y todas las misas que se dicen en él se aplican por las almas de estos desdichados. Por la tarde, gran número de diputados de la cofradía, a caballo, y alumbrando con hachas, traen los huesos a la ciudad en una litera cubierta con bayeta negra que conducen dos machos.

 

El recorrido lo realizaban haciendo “estaciones” que pasaban por el Convento de Dominicos de San Pablo, del que salía toda la comunidad para cantar un responso; desde allí al templo de las Angustias, al de la Vera Cruz, a la Plaza Mayor donde era recibido por la Cofradía del Nazareno rezándose en todos sendos responsos; para finalizar entrando ya en San Francisco donde la Cofradía de la Pasión cantaba un oficio de difuntos previo al enterramiento.

 

Según las noticias que se tienen tal Humilladero fue destruido hacia 1.815 con pleno consentimiento de los cofrades.

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VIDA Y FUNCIONAMIENTO DE LA PENITENCIAL

  

HORA Y DIA DE LA PROCESIÓN DE PENITENCIA

 

Un aspecto fundamental de la Cofradía era su procesión. Es de sobra conocido como, desde su fundación, cada una de las antiguas cofradías penitenciales tenían procesión independiente, con su propio día y hora, aunque estos se modificaron varias veces. Así Dámaso de Frías, al citar por primera vez en 1.852 las procesiones de Semana Santa dice:

 

“Hay señaladamente tres cofradías de disciplina: una de la Vera Cruz, otra de la Pasión, otra de la Quinta Angustia, las cuales salen distintas y de por si: el jueves santo en la noche la una, la de la Pasión el viernes santo a las ocho de la noche, con tanta cera, con tantas insygnias y tanta gente, que dudo yo haberlas mayores no mas honradas em Sevilla o Toledo...”

 

De esta manera, la Cofradía de la Pasión a los cincuenta años de su fundación salía en procesión el viernes Santo. Sin embargo antes de finalizar el siglo XVI ya debió modificar el día y la hora, pasando al Jueves Santo por la tarde.

 

La Cofradía de la Pasión compartía la tarde del Jueves Santo con la Vera Cruz, saliendo esta después de que hubiera entrado aquella. Esta modificación debió quedar ya de forma estable. Ya en el siglo XVIII el historiador Manuel Canessi así lo recoge:

 

“...sale de la hermita de nuestra Señora de la Pasión, el Jueves entre cuatro y cinco de la tarde..., va por la plaza Mayor al Ochavo, Platería, Cantarranas, Cañuelo y entra en la puentecilla del Mesón de Magaña, y de alli por en medio de la Iglesia Catedral sale a la calle de los Orates, y baja a los Mercaderes de Paños y Sedas, y por la calle de la Lonja llega a la Plaza Mayor, y finaliza en su sagrada casa...”

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FUNCIONAMIENTO DE LA COFRADÍA

 

Respecto al funcionamiento de la Cofradía las primeras noticias que se tienen asentadas, las encontramos contenidas en un libro manuscrito compuesto de 133 folios.

 

La portada de este primer libro dice lo siguiente:

 

"ESTE LIBRO ES DONDE ESTÁN LAS ENTRADAS DE LOS COFRADES DE ESTOS DE LA SAGRADA PASIÓN DESDE EL AÑO 1.565 HASTA EL DE 1.574. TAMBIÉN CONTIENE ESTE LIBRO ALGUNOS ACUERDOS SOBRE OCURRENCIAS DE AQUELLOS TIEMPOS Y SON DESDE EL AÑO 1.561 HASTA EL DE 1.568".

 

Como primer hermano cofrade de disciplinados encontramos a Jerónimo de Palacios, quien hizo el juramento y solemnidad necesarias, dando las gracias por ello, el 25 de febrero de 1.565. Los derechos de ingreso fueron 1 ducado. La primera mujer es Isabel de Jijana el 25 de abril de ese mismo año de 1.565.

 

En otro orden de cosas, los asuntos tratados en el primer cabildo del que tenemos constancia se remontan al año 1.561, y así se describe lo ocurrido:

 

“Domingo, a 23 de Marzo, año del Señor de 1.561 cabildo general, estando presentes los señores alcaldes y mayordomos y diputados y toda la mayor parte de los señores cofrades,  acordaron que se haga una tabla que esté puesta en el dicho hospital cerca de la tabla donde están asentados los cofrades, y que en ellas, con sus aldabillas, se pongan por memoria los cofrades que no hubieren pagado las misas  y cera de cada un año, después que se hubiere tomado la cuenta a los mayordomos de cada un año, para que se vean las personas que no pagaren en cada un año al tesorero las mismas y cera, y en ello se provea lo que les pareciere al cabildo, y para ello dieron cargo al señor Gregorio Tomás, y estos mandan que se haga para que cada y cuando que algún cofrade muriere, se le quite de las misas ir después de su muerte, no pareciendo al cabildo otra cosa..."."...Acordaron en dicho cabildo que, en cuanto a la procesión que suelen ir al monasterio de la Santísima Trinidad de la quinta Angustia de Nuestra Señora, que ningún alcalde ni mayordomo que es o fuere de aquí adelante, no mueva la dicha cofradía ni lleve cera para la dicha procesión, sin licencia y acuerdo del dicho cabildo, siendo llamados para ellos, so pena a cada oficial de una arroba de cera para la dicha cofradía”.

 

Días más tarde, el 29 de marzo acordaron que el  pendón  que salga en procesión, lo provean los oficiales que lo lleven. Finalizan las actas de este año con las del 12 de abril:

 

“... y mandaron a Pedro de Santiago, nuestro cofrade, que de aquí adelante él, ni otro cofrade, sea osado a entrar en otra cofradía que sea de la Santa Vera Cruz ni de la Quinta Angustia de los Desamparados, so pena de ser suspenso de cofrade, y el tal cofrade que entrare en cualquiera de las dichas cofradías, no seamos obligados a llamarle a cabildo, ni él puede entrar, porque se ha visto de ser cofrades de cofradías diferentes parlar lo de la una cofradía en la otra y en lo de la otra en la otra, por donde se han seguido muchas diferencias y pleitos y escándalos...”

 

Llegados al año 1.564, el domingo 12 de marzo se trata de la conveniencia de hacer otro pendón, esta vez de color negro, para lo que Antonio de Fromista, cerero, ofreció 30 ducados  y además el regalo de una pieza con cuatro insignias para el pendón y una cruz, todo ello dorado. La condición que Antonio de Fromista impuso fue la de llevar hasta el fin de sus días el citado pendón y otro colorado que ya tenía la Casa.

 

Sobre el pendón y la cruz dorada  podemos asegurar que se realizaron, ya que Agapito y Revilla, al hablar de las cofradías, las procesiones y los pasos de Semana Santa en Valladolid (publicación de 1.925), cita a su vez un párrafo de la Fastiginia (obra del portugués Pinheiro da Vega sobre el Valladolid de principios del s.XVII) que dice:

 

“... la primera procesión era la del Jueves Santo, que salía de la Trinidad Calzada -era la de la Cofradía de la Pasión-. Iba delante un guión de damasco negro con dos puntas de borlas, que llevaban dos hermanos vestidos de negro; dos trompetas destempladas con los rostros cubiertos y enlutados, que mueven a mucha compasión y tristeza; un hermano con una cruz dorada, de tablas delgadas, y dos hachones; 400 disciplinantes, otros 400 hermanos de la cofradía, vestidos de bocací negro...”

 

Otro elemento para la identificación es la túnica. Del tema trataron largamente en el cabildo de 9 de abril de 1.564 en cuya acta se dice:

 

“En este dicho día, los dichos señores trataron sobre si se hacían túnicas los cofrades de luz y, habiendo tratado y platicado sobre ello, acordaron que la Casa haga cuatro docenas de túnicas leonadas, las cuales tengan las insignias de la Pasión que parezcan a los oficiales, y estas túnicas se procure sean de bocaci, y las tenga la Casa, y la noche de disciplina las de a cofrades de luz, cual ellos quisieren, los oficiales, de suerte que estos cofrades de luz vallan delante del pendón y con las insignias y Cristo alumbrando, y no en otra parte, y se trate con los cofrades de luz que les hagan a su costa y los que no las quisieren hacer ni llevar, se les ruegue que ayuden en limosna para hacerlas y que los cofrades que de aquí adelante entraren sean obligados a hacer túnicas siendo cofrades de luz”. De este dato apuntado no tenemos más referencia.

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OBRAS DE MISERICORDIA

 

Como ya se ha mencionado anteriormente todas las Cofradías que se fundan, lo hacen para vivir de una forma especial alguna o algunas Obras de Misericordia. Por lo que respecta a la Cofradía de la Pasión la obra de miseri­cordia que cuidaban especialmente sus diputados era la de ayudar y consolar a los condenados a muerte y disponerlos para bien morir, acompañándoles al suplicio y una vez ejecutados darles cristiana sepultura, así como atender a las necesidades de sus familias para lo cual,  salían  pidiendo limosna trece diputa­dos, por las calles de la ciudad haciendo repicar “... unas campa­nillas de muy triste sonido...” diciendo en alta voz:

 

“... Hagan bien para hacer bien por el ánima de este hombre que sacan a ajusticiar...”.

 

Acabada la ejecución y con permiso que pedían a los Alcaldes de la Sala del Crimen, se hacían cargo del cadáver del ajusticia­do para ser enterrado en el Humilladero que tenía la Cofradía a las afueras de la ciudad para, posteriormente, el Domingo de Lázaro, acudir  hasta el mencionado humilladero,  recoger todos los huesos, y después de una larga procesión con sus paradas y rezo de Misereres  en el Convento de San Pablo, Penitencial de las Angustias, Penitencial de la Santa Vera Cruz y Penitencial de Nuestro Padre Jesús Nazareno darlos definitiva sepultura en el Convento de San Francisco. Lugar en el que la Cofradía tenía una capilla reservada a tal efecto.

 

En otro lugar de la Regla de la Cofradía se puede leer:

 

“ ... que el Jueves de la Cena se vistan doce niños y una niña de paño buriel y se les dé sayos y camisas y zapatos, y a la niña saya y sayuelo con sus mangas y cofia y zapatos”...”ordenamos y mandamos que desde el día de San Miguel hasta el día de Pascua de  Flores, dos cofrades cada noche tengan cargo de buscar los niños perdidos por las calles y taberna y bodegones y los traigan a dormir a las casas de nuestro hospital”.

 

Las cofradías penitenciales, aparte de las obligaciones especificas de los cultos y procesiones de disciplina de la Semana Santa, asumían una interesante labor asistencial acorde con la mentalidad de la época. Como vemos, la Cofradía de la Pasión, además de las conocidas funciones de asistencia a los ajusticiados y su entierro, se ocupaba también de los niños. Todos conocemos las historias sobre la picaresca y la utilización de menores en los siglos XVI y XVII, magníficamente relatadas en “El Lazarillo de Tormes ”; sobre esta infancia-adolescencia abandonada en las calles actuaba la Cofradía de la Pasión; el carácter simbólico del número de niños que se vestían en el Jueves Santo es evidente: representan a Cristo y a los Apóstoles (Sin Judas) y a la Virgen María.

 

La asistencia en el hospital de la Cofradía (hospital-asilo-residencia, en el concepto actual), se realizaba de forma activa: desde el día de San Miguel (29 de septiembre) hasta el domingo de Resurrección, (esto es en los meses de frío y lluvia), dos cofrades cada noche recorren las calles,  tabernas y bodegones, (lugares inapropiados para que estén los niños), recogiéndolos para que duerman en sitio decoroso y protegido. Es con posterioridad, cuando las cofradías centran su espiri­tualidad entorno a una imagen o imágenes con las cuales salen en procesión por la ciudad en los días de Semana Santa, sin dejar por ello de cumplir con la Obra de Misericordia encomenda­da, dando así fehaciente testimonio de la profunda raíz cristiana de estas manifestaciones.

 

Basten unas líneas entresacadas del Diario de Valladolid de Ventura Pérez para darnos cuenta de que, lejos de perderse unas y otras manifestaciones en las fechas en las que se refiere, continuaban vivas. Respecto de aquella forma de vivir la Obra de Misericordia de consolar a los afligidos extraemos el si­guiente párrafo:

 

“Año de 1.719, día 8 de Marzo, dieron garrote a un homb­re llamado comúnmente Tarja, en el Campillo de San Nicolás, por haber muerto a su mujer. Le encubaron metiéndole en el río en un pellejo de un buey; no le metieron más que los pies y le pusieron encima del pecho un papel y en el pintados un gallo, un perro, una mona y una culebra, ceremonia que mandan las le­yes; y le hizo la cofradía de la Pasión su entierro en San Nicolás, en la iglesia”.

 

Igualmente la cofradía se ocupaba de recoger  los huesos de los descuartizados esparcidos por los caminos, llevándolos a enterrar a uno de los patios del convento de San Francisco (hoy desaparecido, situado en la Plaza Mayor, frente al Ayuntamiento) que los religiosos tenían destinados a tal efecto. En el año de 1703, la cofradía encarga al maestro de obras José Gómez la construcción de una capilla, sufragada en su totalidad por las limosnas de los devotos, donde se colocaron las insignias de la Pasión. La cofradía asignó a la comunidad de franciscanos la cuarta parte de las limosnas que la cofradía sacase, cantidad que los frailes destinarían a las misas que en sufragio de las almas de los ajusticiados se celebraran. Al menos hasta el año 1834 en que se construye el cementerio especial para los ajusticiados, situado al lado izquierdo del general de esta ciudad, estas fueron las moradas de quienes tuvieron el consuelo de ser conducidos a ellas por la cofradía de la Pasión.

 

Respecto a las manifestaciones procesionales extraemos este otro párrafo:

 

“Año de 1.725, el día 28 de marzo de dicho año, no salió la procesión de la Cruz hasta las diez de la noche, a causa de llover a cántaros, y el día 29 jueves santo, salió la procesión de la Pasión por la tarde, lloviendo”.

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LAS COMISARÍAS EN LA COFRADÍA DE LA PASIÓN

 

En el seno de las antiguas hermandades penitenciales de Valladolid surgieron unas asociaciones de cofrades que, agrupándose en torno a una de las imágenes de la cofradía, se obligaban, además de sus deberes generales, a venerar, conservar y dar culto a dichas imágenes y a otras actividades específicas que podían ser diferentes en cada caso; estas agrupaciones se llamaron comisarías. Así pues, la Comisaría era un órgano interno de la Cofradía, sin entidad canónica propia y sin representatividad. A veces adquirieron una cierta autonomía, siempre en perjuicio del gobierno de la hermandad.

 

En la Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo surgieron varias Comisarías, de alguna de ellas se conserva documentación:

 

Comisaría de Paz y Caridad. No podía tener más de 40 diputados, y tenía como centro de sus devociones  a María Santísima de la Pasión. Además de sus obligaciones como cofrades, tenían la obligación de auxiliar a los reos, pedir por los distintos barrios de la población para prestarles los auxilios espirituales y materiales necesarios; acompañarles durante el duro trance, y, por último, hacerse cargo del cadáver y darle sepultura.

 

Comisaría del Santísimo Cristo de la Columna. Tenía por fin principal tributar, con el mayor esplendor posible, culto al Santísimo Cristo Atado a la Columna. Además tenían un fin benéfico: costear el entierro al hermano que falleciese y decirle una misa de réquiem cantada.

 

Comisaría del Santísimo Cristo del Perdón. No podían pasar de 30 comisarios, y tenían por fin, además de dar culto la imagen del Santísimo Cristo del Perdón, proporcionar a sus comisarios auxilios en caso de caer enfermo hasta su restablecimiento, y, en caso de fallecimiento,  hacerse cargo del entierro, así como misa.

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EL ARTE EN LAS COFRADÍAS

  

Dentro de las cofradías ocupa un lugar importantísimo el arte. Llegado un determinado momento las cofradías comenzaron a hacer ejercicio publico del culto a Nuestro Señor, sobre todo en lo referido a Su Pasión y Muerte y junto con los hermanos de disciplina desfilaban en las procesiones los hermanos de luz, alumbrando las imágenes que representaban esa Pasión y Muerte. Posteriormente solo alumbraban las imágenes los hermanos de luz al abolirse la disciplina pública por Real Orden de 20 de Febrero de 1777, reinando en España Carlos III. Al ser las cofradías un fenómeno que abarcaba no solo los días de la Semana Santa sino prácticamente todo el año con sus actuaciones tanto festivas como religiosas,  casi todas las gentes de la ciudad tenían una relación directa o indirecta en tales actos, en las cofradías. Por ello era lógico que dentro de las mismas hubiese personas que ejercieran todo tipo de trabajados para su sustento; escultores, pintores, plateros etc.  Dentro de este capítulo estaban incluidos los escultores que al recibir los encargos para realizar obras para su cofradía ponían todo su empeño y arte  en realizar obras maestras que tenían, como no podía ser de otra una clara vocación de permanencia. Figuras como Gregorio Fernández, Bernardo del Rincón, Juan de Juni  etc., estaban a disposición de las cofradías recibiendo sus encargos;  alguno de ellos llegaron a ser alcaldes de esas Penitenciales, es el caso de Francisco Díez de Tudanca respecto a la Cofradía de la Pasión.

 

Respecto a los imagineros que trabajaron para la Cofradía de la Pasión bien podemos decir que fueron de primera línea.

 

Fueron hermanos de la Penitencial figuras señeras de la imaginería castellana tales como Francisco del Rincón, su hijo Manuel y su nieto Bernardo, tres generaciones que dieron lo mas grande de su arte a la Cofradía, así como Francisco Díez de Tudanca, reconocido imaginero que llego a ser Alcalde de la misma. El patrimonio de la cofradía esta catalogado de primer orden con obras como el Santo Cristo de las Cinco Llagas obra de Manuel Álvarez, datada hacia 1540. Seguidor de Alonso Berruguete, se cree que esta impresionante talla presidía el humilladero que poseía la Penitencial a las afueras de la ciudad pasado el Punte Mayor.  Nuestro Padre Jesús Flagelado, datada hacia mediados del siglo XVII y policromada en 1650. El Santo Cristo del Calvario, es una obra anónima de la Escuela Castellana datada hacia 1650. El Santo Cristo de la Elevación, obra de Francisco del Rincón datada en 1604. El Santísimo Cristo del Perdón, imagen titular de la Penitencial y exponente único del barroco español; es obra de Bernardo del Rincón.

 

Datada en 1.656 figura con el nombre de “Paso de la Humildad de Cristo Nuestro Señor” en el desfile procesional del Jueves Santo organizado por la Cofradía. Tomando como fuente a a Manuel Canessi se refiere como “Cristo orando a su eterno Padre”, precisando que: “... a este señor lo llaman el del Perdón y le ponen en el Campo Grande  quando ay quemados...”.  Si bien es conocida la historia de este Cristo, la identificación de su autor  no ha sido una labor fácil. Agapito y Revilla la adscribió a la escuela de Gregorio Fernández. Martín González la estimo como obra de un seguidor de Fernández y una proximidad estislística a Juan Antonio de la Peña, pero inclinándose como obra de Francisco Díez de Tudanca del que se sabía que en 1.664 había contratado para Pamplona un Cristo de rodillas semejante al que había en el Convento de los Trinitarios Descalzos de Valladolid. La aparición de un documento parece desvelar la autoría de la obra  que permite identificarla con la contratada por el escultor vallisoletano Bernardo del Rincón el 15 de octubre de 1.656 para la Cofradía de la Pasión a quien la debería entregar  para la procesión del jueves santo de 1.657. La escultura había de realizarse conforme a un modelo hecho por el artista, pero algunos detalles y medidas definitivas se someterían a la apreciación del pintor Diego Valentín Díaz. He aquí un párrafo del mencionado contrato:

 

“ Sépase por esta carta la obligación como yo Bernardo del Rincón escultor vecino de esta ciudad... que haré en toda perfección un santo Cristo de madera  de tierra de ontalvilla de seis pies y medio o siete lo que mas convenga  desnudo con su pañete incado de rodillas sobre un óvalo que escenifique al mundo y así un peñasco  grande... en precio de cien ducados de vellon pagados luego  de contado trescientos reales y trescientos el día de navidad venidera de este año de cincuenta y seis y lo restante el día que entregare el dicho santo Cristo... y no cumpliendo con entregar  dicha hechura dicho día pagare de pena cera de la virgen de la pasión para darles cuatro arrobas de cera en que desde luego me doy por condenado y por ello seré ejecutado en virtud de esta escritura...”

   

Hay también otras obras escultóricas. Respecto a las obras pictóricas destacan “San Juan Niño”, “el Angel se aparece a Zacarías”, “Abrazo de San Joaquín y Santa Ana”, “Los desposorios de la virgen”, “La Anunciación”, “La Circuncisión” y “La muerte de la Virgen” obras de Diego Díez Ferreras, que vivió en la Plaza Mayor de Valladolid y fue uno de los pintores más solicitados durante la segunda mitad del siglo XVII en toda Castilla. Al pintor Amaro Alonso pertenecen los cuadros “La Sagrada Cena”, “Degollación del Bautista” y “Salome presentando la cabeza”. De Manuel Juárez son “Cristo con la cruz a cuestas” y “el levantamiento de la cruz”, obras que desgraciadamente  no queda rastro de ellas. A Agustín Bara, casado con una nieta de Gregorio Fernández se deben, “El nacimiento de San Juan”, “Predicación de San Juan” y “El Bautismo de Jesús”.

 

La sección Nuestros Imagineros, así como la galería Multimedia de esta página web, ofrecen más información sobre este tema.

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LA COFRADÍA EN LOS SIGLOS XIX, XX Y XXI

 

Al margen de otros posibles motivos para explicar los problemas de las cofradías, debe recordarse que el siglo XVIII se caracterizó por un innegable intervencionismo de los poderes públicos en algunas de sus costumbres, incluyendo el horario de las procesiones. Esta actuación de la administración pública, prolongada hasta bien entrado el siglo XIX, fue una de las causas que contribuyeron a la decadencia de ésta y de las otras cofradías. Muestra del declinar fue la recogida de imágenes secundarias de los pasos con destino al nuevo Museo Provincial de Bellas Artes (hoy Museo Nacional de Escultura).

 

Tras la entrega, realizada en 1842, al parecer a título de depósito, la cofradía conservó las imágenes principales de sus pasos: Cristo de la Columna, Cristo del Perdón, Cristo del Calvario, Cristo de la Elevación, Jesús con la Cruz a Cuestas, así como la Virgen de la Pasión, el San Juan Bautista Degollado y otras obras de arte. Siguió participando en las procesiones vallisoletanas.

 

En el siglo XX la historia de la Cofradía se vuelve azarosa. El punto culminante es la pérdida de la iglesia de la Penitencial en estado ruinoso (1926), de la que acabó siendo despojada. Las dificultades no bastaron para impedir la continuidad de la cofradía, que mantuvo una actividad ininterrumpida hasta que, al amparo de circunstancias más favorables, ha recuperado buena parte del patrimonio que se había depositado en el Museo Nacional de Escultura y en algunas iglesias a raíz del cierre del templo propio. A pesar de los avatares expresados, la hermandad conserva en  nuestros días, además de las imágenes procesionales del siglo XVII, antes mencionadas, otras tallas de los siglos XVI y XVII, así como dos series de lienzos de la segunda mitad del XVII (sobre la vida de San Juan Bautista y la vida de la Virgen) y otras obras de pintura, orfebrería, bordados, documentación histórica desde el siglo XVI, etc.   

 

Hoy, tras haber recorrido, desde el cierre de su iglesia Penitencial, las iglesias de San Felipe Neri, el Santuario Nacional de la Gran Promesa y Santa María Magdalena, la cofradía tiene su residencia canónica en el templo del Real Monasterio de San Quirce y Santa Julita desde 1993. Esta iglesia de religiosas cistercienses -que hoy mantiene abierta al culto la hermandad- recibió en su dilatada historia mercedes de distintos monarcas castellanos: don Enrique I, don Enrique II, doña María de Molina. Tampoco le faltaron las atenciones de la Casa de Habsburgo: don Carlos I, don Felipe II, don Felipe III y doña Margarita de Austria.

 

Como ya se ha dicho se pierde la Iglesia comenzando así un largo peregrinaje por algunas de las de Valladolid. Al cumplirse el primer cuarto del siglo XX, se solicita al entonces Arzobispo de Valladolid Don Remigio Gandásegui trasladar la imagen del Santísimo Cristo del Perdón junto con su Comisaría a la de San Felipe Neri.

 

En 1992 la Comisaría del Santísimo Cristo del Perdón vio reconocida su identidad, ininterrumpida a lo largo del tiempo, con la Cofradía de la Pasión,  y en el año 2000 el Consejo Pontificio para los Laicos reconocía en ella la existencia de esta Cofradía Penitencial como “asociación pública de fieles de derecho diocesano en comunión y obediencia con el Arzobispo de Valladolid”, rigiéndose por los Estatutos aprobados por el arzobispo José Delicado Baeza en 1992. Se reconocía en consecuencia la propiedad de los bienes que se encontraban en manos de otras personas jurídicas, eclesiásticas y civiles.

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LA COFRADÍA HOY

 

Las actividades de la cofradía hoy son las que desarrolló  a lo largo de siglos de historia, obviamente adaptadas a los nuevos tiempos. Colocada al amparo de la Virgen de la Pasión, a la que dedica las celebraciones solemnes del 15 de septiembre y los cultos del mes de octubre, y de San Juan Bautista Degollado -honrado especialmente el 29 de agosto-, ha unido a estos patrocinios el de San Rafael Arnaiz, monje trapense del monasterio de San Isidro de Dueñas (Palencia), incorporado institucionalmente a las devociones de la cofradía el 16 de diciembre de 2000. Su fiesta se celebra el 26 de abril. Con este motivo, la Orden del Císter ha obsequiado a la cofradía con una reliquia de su copatrono.

 

Además de los cultos eucarísticos dominicales y las fiestas de precepto, tienen especial relevancia los Divinos Oficios de Jueves  y Viernes Santo, la Vigilia Pascual, y la Misa en sufragio por los cofrades difuntos durante el mes de noviembre. Asimismo son jalones notorios en el año los cultos cuaresmales: Quinario y Besapié al Santísimo Cristo del Perdón (cita habitual para numerosos vallisoletanos), Triduo al Santo Cristo de las Cinco Llagas y Triduo a Nuestro Padre Jesús Flagelado.  

Las procesiones organizadas en Semana Santa por la cofradía son dos: El Ejercicio Público de las Cinco Llagas (Sábado de Pasión) y la de Oración y Sacrificio (Jueves Santo). En la primera, los cofrades, portando a hombros su imagen del Cristo de las Cinco Llagas, hacen otras tantas estaciones ante sendos conventos de clausura de la ciudad, en las que, en compañía de religiosas y fieles, piden por las vocaciones en la Iglesia. En la segunda llevan a la catedral, también en andas, las imágenes de Nuestro Padre Jesús Flagelado y el Santísimo Cristo del Perdón. Allí los hermanos de la Sagrada Pasión cubren una estación ante el Santísimo Sacramento, reservado en el Monumento, durante la cual oran por las personas privadas de libertad, en recuerdo de las obras de misericordia que antaño practicaba la cofradía. También se participa en la Procesión General de la Pasión del Redentor en la tarde del Viernes Santo.

 

Por fin, en nuestros días, uno de los cometidos de la cofradía sigue siendo la práctica de la caridad con todos, especialmente con los más necesitados. Para ello colabora, durante todo el año, con distintas instituciones católicas mediante donativos, campañas de recogida de alimentos, ropa, juguetes, medicinas... Esta cooperación se destina a las más variadas latitudes, según las circunstancias y las necesidades: Valladolid, Ruanda, Etiopía, Guatemala, El Salvador, Argentina... Singular importancia para la cofradía tiene su ayuda a las misiones que el monasterio cisterciense de San Isidro de Dueñas (La Trapa) mantiene en Angola. Éstos son, sin duda, los resultados más tangibles de la defensa y actualización de una trayectoria espiritual, social y cultural varias veces centenaria.  

© Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo