Pregón Año 2003

PREGÓN DE PASIÓN

 COFRADÍA PENITENCIAL DE LA SAGRADA PASIÓN DE CRISTO

Iglesia Conventual de San Quirce y Santa Julita

Valladolid 9 de marzo de 2003 

D. Leopoldo Adiego Sanz

Empresario florista de Valladolid

 

          

Señor Alcalde-Presidente y Junta de Gobierno de la Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo.

 

Señor Presidente de la Junta de Cofradías de Semana Santa.

 

Señores Alcaldes, Presidentes y Hermanos mayores de las demás cofradías de Valladolid.

 

Señoras y Señores cofrades, Familiares y Amigos todos.

 

Es un honor para mí dirigirme a Ustedes desde esta tribuna del Real convento de San Quirce y Santa Julita, y pregonar la Semana Santa de la Cofradía de la Pasión, un honor y un desafío que espero no les defraude.

 

Hoy es un día especial para mí, uno de esos días en los que la página del libro de la vida, hay que marcarla con distintivo rojo.

Uno de esos días tan especiales en la historia de la persona, que brillan con luz propia, que resplandecen y destacan de los demás. Esos días de los que se encabezan con letra capital, y que lo que se va anotando, es digno de hacerlo con grafismos especiales. Días que están grabados en tu mente y recuerdas toda la vida. Días de los que pones en el platillo de las cosas positivas al final del camino.

 

Cuando acepté la invitación del Cabildo de Gobierno en nombre de la Cofradía de la Sagrada Pasión de Cristo, de pregonar su Semana Santa, empecé a desgranar una serie

de notas, me di cuenta de lo que esto significa, no sólo por lo que representa de importante y hermoso, sino también, por las personalidades que me han precedido:

D. Manuel Estella, D. José Millaruelo, D. José M" Pérez Concellón, sino por la visión que un florista tiene de la Semana Santa.

 

Hoy 9 de marzo quiero anotar en la página en blanco de mi vida, las sensaciones, los recuerdos y vivencias que me han sucedido dentro de estos muros, a los pies de éstos Cristos, que nos miran y esperan una respuesta al silencio de nuestros corazones adormecidos.

 

Hace ya 10 años que la Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo salió de la iglesia de la Magdalena, entre luces y sombras, en un resurgir de incertidumbres, con la esperanza de recuperar sus Imágenes y mostrarlas en el más hermoso de los esplendores al pueblo vallisoletano.

 

La salida de la iglesia de la Magdalena no fue un romper con el pasado, sino recuperarlo y dar un paso firme, consensuado y esperanzador con el futuro.

 

El tiempo hace que este convento de San Quirce y Santa Julita se vaya impregnando del aroma del incienso, del color de las flores y lo más importante del rezo continuo y silencioso a sus imágenes de devoción, dando un culto exquisito no solo en la forma, sino en el fondo.

Imágenes como el Santísimo Cristo del Perdón, Santo Cristo de las Cinco Llagas, Nuestro Padre Jesús Flagelado y últimamente la llegada de la Madre, Nuestra Señora de la Pasión, esa imagen serena, con cara dulce de castellana recia, pequeña, casi hecha para ser llevada con ángeles, soportando entre sus manos, un mundo muerto, inerte, pero sabiendo que no es lo pactado.

Imágenes que están en el corazón de cada uno de los cofrades y que les dan el amor más hondo de sus entrañas.

 

La historia de esta cofradía es amplia e interesante, no en vano es la segunda cofradía de la ciudad en antigüedad después de la Santa Vera Cruz.

Cofradía con tanto esplendor y magnificencia que la Venerable Compañía de San Juan Bautista Degollado, llamada de la ciudad Florentina de Roma le concede todos y cada uno de los privilegios, gracias indulgencias, exenciones e indultos.

 

Cofradía de la Sagrada Pasión de Cristo que en su afán de extender su mensaje y buen hacer funda: la Cofradía de la Pasión de la ciudad de Sevilla, llevando sus estatutos, privilegios y bulas.

 

Cofradía que es la primera que transforma los pasos de papelón por madera policromada, paso grande de la Exaltación de la Cruz, y hace que el ayer majestuoso se nos presente hoy como obras de belleza incomparable.

 

Cofradía que ostenta el privilegio real de indultar a un preso, y que la venerada imagen del Santísimo Cristo del Perdón, obra cumbre de Bernardo del Rincón, tiene ese privilegio. Título que ostenta, junto a él, el Gran Poder de Málaga.

  

Estas y muchas cosas más hacen que la Semana Santa de Valladolid sea conocida, ensalzada y admirada en el mundo entero.

Pero tenemos que ser nosotros, los de aquí dentro, los que la sintamos nuestra, la mimemos y la hagamos más grande y hermosa para deleite nuestro.

 

La historia de esta cofradía es muy rica y conocida, se encuentra en los anales de la ciudad, en las crónicas de la época,  mi intención no es hablarles de historia, sino de los sentimientos y emociones de nuestra semana Santa; y digo nuestra porque así la siento, la vivo y la comparto aunque mis orígenes de nacimiento sean de otro lugar.

 

Yo recuerdo una Semana Santa sencilla, sin la majestuosidad de estas Vírgenes y Cristos tan maravillosos,  hechos quizás del mismo pino, pero transformados en belleza sublime que nos hace llorar por dentro para no desviar la atención de sus miradas.

 

Nací en un pueblo de Aragón, con tradiciones muy peculiares y una de ellas es la Semana Santa. Semana Santa de raíces profundas, con arraigos y creencias ancestrales, que hace que se vaya forjando el sentimiento religioso y cofrade cualesquiera que sea el lugar de procedencia.

 

Semana Santa que las une el sentimiento, las emociones, el vibrar del corazón cuando las bandas de cornetas y tambores  rompen el aire del atardecer sereno de la naciente primavera.

 

Sensaciones, recuerdos, aromas y sonidos infantiles que afloran cada año por estas fechas al ver llegar al Cristo de las Cinco Llagas pasar por la calle Santo Domingo, calle de Santo Domingo dormida en el tiempo, y que me transporta a esas calles por las que yo iba de la mano de mi madre a los Oficios del Jueves y Viernes Santo, o tiraba con fuerza para ver la Procesión y Entierro de Nuestro Señor Jesucristo.

 

 

Todos y cada uno de éstos sentimientos son las que las hacen iguales en valores y nos empujan a pregonar un hecho histórico, sin miedos ni tapujos, como testimonio público y con el coraje suficiente, de expresar al mundo lo que sentimos, pensamos y creemos.

 

Pues bien, de estas sensaciones, vivencias y creencias quiero hablarles hoy, vivencias vistas y sentidas desde la perspectiva de un florista, que por serlo, me permiten tener un lugar privilegiado y una visión cercana de estas magnificas obras de arte por fuera, pero llenas de vida por dentro.

 

Este sentimiento emocional y semanasantero se ha ido forjando con el tiempo poco a poco.

Viviendo situaciones de trabajo en el silencio de las iglesias, con las penumbras de sus muros, a los pies del Cristo del Perdón, sembrando de flores la tierra bajo sus rodillas, sintiendo el calor de sus heridas, siguiendo la máxima de “trabaja y reza”. “Reza y trabaja”.

Ojos que te miran, manos que te atraen, pies que rozas con cuidado y te hacen pensar si son de madera, humanos o Divinos.

Humanos.

 

Recuerdo que habíamos llegado de participar en la Copa del Mundo de arte floral, por esos días se acercaron a hablar con nosotros dirigentes de esta Cofradía, para contarnos un proyecto espectacular, habían recuperado el nombre primitivo de la Cofradía de la Sagrada Pasión de Cristo, y que se trasladaban a este Convento, había que preparar un adorno floral para la ocasión. Fue la primera toma de contacto con esta Cofradía, toma de contacto real, pues ya la conocía. Fue uno de los primeros acontecimientos que me llevaron a ver cuando llegué a Valladolid: la procesión de la cárcel. A lo lejos y bajo un sol de justicia vi llegar al Santísimo Cristo del Perdón, me impresionó de tal manera que no pude dormir en toda la noche.

No había visto nada semejante: un Cristo de rodillas, con las manos abiertas, el pie hundido en la tierra y los ojos suplicantes mirando al infinito azul del cielo castellano.

“Ahora pasará por aquí y verás su espalda escarnecida”, si poco después la vi y un sudor frío recorrió la mía, y pregunté: “¿éste es el que deja salir al preso?”, “sí” me respondieron, minutos después un silencio sepulcral, voces rotas y desgarradas tras una reja, una emoción contenida, calor..., emoción,... silencio y una plegaria iba desgranándose lentamente desde la reja. Perdón oh dios mío...

Esa noche en mi insomnio escribí unos versos casi premonitorios de lo que llegaría a ser más adelante:

 

No tengo dedos suficientes,

para quitar las espinas de tu frente.

No son bastantes mis manos

para enjugar las llagas de tu espalda.

 

Pero quiero con mis flores,

teñidas de rojo por tu sangre,

ponerlas a tus pies con amor,

y hablarte en silencio, Dios mío.

 

Te miré a los ojos y me viste,

alargaste la mano y me rozaste,

llegaste a mi corazón en silencio,

que me prendí en Ti sin yo saberlo.

 

Quisiera yo Señor del Perdón pedirte:

que cuando me mires te esté mirando,

que si te llamo, me respondas,

si te suplico me perdones,

y al final de mis días me abraces.

 

 

Años más tarde experimenté las mismas sensaciones y emociones, parece mentira que los años curtan la piel y dejen al corazón apasionarse de una manera especial y misteriosa.

Era una tarde fría de octubre, un aire un poco arisco y unas estrellas tempraneras, presagiaban un acontecimiento especial.

Enfilando la calle Cadenas de San Gregorio asomaba una Cruz Alzada flanqueada de faroles inquietos, un poco mas a lo lejos, entre luces de velas y claveles rojos se recortaba la silueta del Cristo del Perdón.

Llegaba tranquilo, sosegado, mecido cadenciosamente en el hombro de sus cofrades, despacio, muy despacio, rozando los pies contra el suelo centenario de la plaza del Museo, detrás con riguroso orden y exquisito respeto, las hermanas de devoción, vestidas como manda el canon: negro riguroso, tocadas con mantilla, misal y rosario en mano, ojos entornazados y rezo, rezo por dentro.

 

De frente a las puertas del Museo, parada, golpes secos de llamada, chirrían los goznes y muestran lentamente la primera de las imágenes recuperadas: el Cristo del las Cinco Llagas. Cristo enjuto, azulado por el abandono de lo Divino y humano, antiguo Cristo del Humilladero. Cristo de los ajusticiados.

Salida silenciosa y tranquila, algo comenzaba y yo era testigo emocionado de un hecho histórico en los anales de la Cofradía y en los corazones de los cofrades.

 

No quisiera alargarme en mis recuerdos, pero permítanme uno más: todas estas vivencias tuvieron su cumbre en los días previos a la Semana Santa del año 1994.

Quería hacer un besapié solemne al Señor de Pasión, se nos ocurrió que el lugar perfecto sería la parte de atrás de la iglesia, delante de la reja de clausura y protegido por el rezo amoroso de las hermanas.

Se puso en marcha un proyecto en el que participaron infinidad de cofrades, se realizó un altar maravilloso, más tarde se adornó con velas, rosas de rojo pasión, rosas sin espinas que una a una fui poniendo a sus pies como rezo oculto y silencioso.

 

Ya por la noche, a altas horas de ka madrugada estaba todo listo, el Alcalde-Presidente dio la orden de trasladar al Señor de Pasión al sitio indicado, casi en volandas, con sumo cuidado, sin rozarle, casi a nuestra altura pasaba el Señor, de fondo se oía el rezo de un Padre Nuestro, es costumbre que cuando se trasladaba una imagen de devoción se rece. Cuando estuvo colocado en su trono se encendieron las velas, se apagó la luz para ver el efecto y de verdad fue como estar cerca del Paraíso, sentí serenidad por cada poro de mi piel, sus ojos brillaban más intensamente que nunca, o quizás fueran los míos que estaban llenos de lágrimas.

Es hermoso, bellísimo, una de las imágenes cumbres de la Semana Santa vallisoletana.

Desde aquí, desde estas mismas escaleras alguien esbozó una plegaria, le salió de dentro el cantar el “Perdón oh Dios mío”, le seguimos todos y al terminar sentí que estaba realmente perdonado, que hay más en esos momentos especiales, en esa catarsis maravillosa que te hacen creer en Dios; sentirte cerca de Dios.

 

Todo pregón lleva implícito un anuncio, un desgranar al viento lo que va a pasar, y por eso estoy aquí, para anunciarles:

Que por orden del Alcalde-Presidente y Junta de Gobierno de la Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo, les comunico:

 

         Que estamos en tiempo de Cuaresma, de preparación y arrepentimiento sincero.

 

         Que en esta misma Iglesia tendrán lugar los Triduos y Quinarios a nuestras imágenes de devoción.

 

         Que el día 31 de marzo tendrá lugar el solemnísimo besapié al Santísimo Cristo del Perdón, y se convoca a todos y cada uno de los cofrades y a la ciudad de Valladolid al mencionado besapié. Este se hará en silencio, sin romper la paz del convento, pidiendo e implorando la merced necesaria. Que al finalizar, allá por las 9 de la noche se cerrará la puerta y en recogimiento y sentido amor se cantará “Perdón oh Dios mío”, himno que llevan los hombres de bien gravado en su pecho como saludo verdadero.

 

         Que el sábado de Dolores, al romper el crepúsculo, saldrá la Cofradía con su paso del Cristo de las Cinco Llagas, y que recorrerá los conventos de San Quirce y Santa Julita, el convento de Santa Teresa, el de las Madres Concepcionistas, el de Santa Isabel y de Santa Catalina.

 

         Que el Domingo de Ramos se convocan a todos los niños y jóvenes a la procesión de las palmas.

 

         Que el Jueves Santo saldrá la Procesión de Oración y Sacrificio, procesión de regla de la Cofradía y que hará estación en la Santa Iglesia Catedral.

 

         Que el Viernes santo se asistirá a la Procesión General de la Pasión.

 

         Que el Domingo de Resurrección la Cofradía asistirá a la Procesión de la Alegría.

 

 

Y así doy cumplimiento y exhorto a todos los cofrades y hermanas de devoción, que manifiesten públicamente sus creencias, que divulguen con fé y entusiasmo nuestra Semana Santa.

Que procesiones en silencio, que rompan el aire los tambores y cornetas en muestra de plegaria sincera.

Que se procesione con respeto, sentido y fé, para que la calle sea templo y se engrandezca, aún más si cabe, la espiritualidad, y la devoción de la Semana Santa.

 

Y como preparativo de lo que ha de venir y haciendo pública nuestra condición de reos pecadores, pidamos al SEÑOR DE PASIÓN

 

PERDÓN OH DIOS MÍO

PERDÓN E INDULGENCIA

PERDÓN Y PIEDAD

 

Muchas gracias y que así sea...

                              

Leopoldo Adiego Sanz

© Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo

 

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