Pregón Año 2001

PREGÓN DE PASIÓN

 COFRADÍA PENITENCIAL DE LA SAGRADA PASIÓN DE CRISTO

Iglesia Conventual de San Quirce y Santa Julita

Valladolid 11 de marzo de 2001  

D. Manuel estella Hoyos

Presidente de las Cortes de Castilla y León y hermano de honor de esta Penitencial

 

           

            Público sea mi agradecimiento al Alcalde y Cabildo de la Cofradía por haberme hecho partícipe de éste Pregón que, junto al general de la Semana Santa, no pretende sino servir de preludio a los actos sacros con los que el pueblo de Valladolid conmemora el Misterio de la Pasión.

 

            Se me ha conferido el honor de pregonar la Semana Santa de ésta Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo, de la que soy con altivez hermano de honor. Con este acto se pone en marcha una serie de acontecimientos litúrgicos de carácter religioso que tiene su expresión dramática en la imaginería exhibida y que concluye con la apoteósica resurrección del Señor.

 

            Me siento, sin duda, orgulloso porque creo sinceramente que no basta aquí la erudición histórica o el alarde literario, como una obligación de hacer vibrar los sentimientos del alma. No se puede pregonar sin predisponer el espíritu, por lo que habré de emplear en el empeño toda mi voluntad, mi convicción religiosa y todo mi amor por la causa.

 

            Entiendo que un cristiano ha de enfrentarse a la Semana Santa como un volver al Jerusalén de aquellos luctuosos días para tomar parte activa en los acontecimientos, en los ritos y en las procesiones. De nuestra voluntad va a depender que la toma de partida sea como mero espectador, o como protagonista.

 

            La carta fundacional de la Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo proclama que las finalidades de aquella agrupación nacida en el primer tercio de la decimosexta centuria eran la práctica de la caridad y el ejercicio de la penitencia.

 

            Por ventura, no son estos tiempos en los que el menester sea prestar ayuda a los ajusticiados, pues para nuestro júbilo no existe en la España del siglo XXI pena de muerte. Es éste, sin embargo, tiempo en el que la caridad ha de ser sustituida por la solidaridad como valor del humanismo cristiano y el compromiso social.

 

            La solidaridad es principio al que suele aludirse, quizás con demasiada ligereza, en múltiples textos de compromiso social, jurídico y político. Entiendo que ser solidario hoy en día es más difícil que ejercer la caridad ante los reos de muerte.

 

            El principio del respeto a la vida exige un pacto tácito de apoyo a los desvalidos y de  reparto equitativo de la justicia social, ejerciendo tal actividad desde la libertad y el sentimiento humano al que nos hace acreedores la Pasión de Cristo.

 

            De ahí la colaboración de la Cofradía con distintas ONGs para atender a personas necesitadas en Valladolid y en el llamado Tercer Mundo, así como a las misiones cistercienses de la Trapa se hayan convertido en el sustituto de las obligaciones fundamentales, adaptando los usos del siglo XVI a la más palpable actuación.

 

            Valladolid, cuya Semana Santa cuenta con tres cofradías penitenciales, dispone a través de la referida de la Sagrada Pasión de Cristo de un cauce litúrgico en el que no se hacen concesiones a nada que no sea rigurosamente fervoroso y ritual.

 

            Como salmantino que soy y sin olvidar que es vallisoletana la cofradía que en su día me concedió el privilegio de ser Cofrade de Honor, no puedo dejar de recordar a su hermana helmántica del Cristo del Amor o al paso de Jesús Atado a la columna, quizás el más definitorio de cuantos pudieran representar la forma que nosotros tenemos de dar vida a la muerte de Jesús.

 

            No sé si es posible un arte verdadero que no contenga en si mismo emoción turbada o agitada conmoción. Lo que si puedo asegurar es que el arte de la Semana santa hiere con más fuerza al corazón que al cerebro, antes al sentimiento que a los sentidos.

 

            Nada es el hombre sin el anhelo de Dios y ese anhelo se encauza a través del arte cristiano como es el representado por el Santísimo Cristo del Perdón o el Cristo de la Elevación, tan primorosamente esculpidos por Bernardo del Rincón, o el Santo Cristo de las Cinco Llagas, debido al cincel de Manuel Álvarez, y los anónimos de la Escuela castellana Jesús Flagelado o el Cristo del Calvario.

 

            Con estas imágenes y la de San Juan Bautista Degollado la Cofradía de la Pasión de Cristo contribuye a una piedad realista en la que las imágenes adquieren vida propia precisamente por la perfección del estado de gracia. Ocurre que es el alma colectiva de la cofradía el elemento que rompe con un carácter inerte y con un concepto deleznable en la materia para representar el Misterio del Gólgota.

 

            Esta teología popular y espontánea en la que se basa el arte sacro y la esencia de las propias cofradías convierte a las figuras inanimadas en persuasivas y transparentes colaboradoras de la evangelización de sus miembros, trascendiendo, a través de las procesiones, al pueblo devoto y misericordioso, sediento sin duda de olvidos mundanos.

 

            En la honda verdad de los corazones, desde el borde más sensible de los pensamientos, menester resulta declarar el temor y la inquietud de las imágenes y lo que representan, especialmente este Cristo, que es emblema de la Cofradía.

 

            Para comprender el valor de las imágenes habría que acudir a un contemporáneo del nacimiento de esta Cofradía de la Sagrada Pasión, Juan de la Cruz, quien sin olvidar la sensibilidad estética de las imágenes, se preocupa de los rasgos intelectuales de sus fundamentos religiosos.

 

            Así, en la “subida a Monte Carmelo”, trata sobre el peligro de las imágenes y critica las devociones sensibles de los símbolos para exigir el misticismo sugerido por su materialización y el mensaje iconográfico contenido en la inmolación de Cristo como momento trascendente de la Redención.

  

            Popular es el soneto del de Yepes, del que entresaco la cuarteta que a mí me parece fundamental.

 

                            “Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

                            clavado en la cruz y escarnecido

                            muéveme tu cuerpo tan herido

                            muéveme tus ofrendas y tu muerte”.

  

            ¿Puede, acaso, expresarse de mejor modo el sentimiento cristiano ante la Semana Santa? He aquí un corazón arrebatado ante la presencia de un Crucifijo. Parece claro que el arte y las creencias caminan juntos de forma tal que hemos de poder hablar con las propias imágenes como dicen que hacía la otra gran mística española: Santa Teresa de Jesús.

 

            Ante cualesquiera de las imágenes de Cristo que poseéis y procesionáis en esta Cofradía e muestra la más cruda realidad de un “Cristo dolorido”, al decir de la Santa Andariega. Hay quienes se sienten molestos por estas imágenes bien pulidas y relucientes, ocultando la patética realidad de lo conmemorado.

 

            Entiendo que el dolor nos rodea en nuestro mundo y ha de ser este dolor el que nos acerque a la vivencia de la Pasión. El dolor no aniquila, sino que eleva, ya que tras un cuerpo lacrado hay un alma que clama; ante ese clamor ha de dirigirse la solidaridad del cofrade, pues es esa y no otra la lección de estas imágenes.

 

            Pero nada sería de la Semana Santa sin el Domingo de Pascua, sin la conmemoración de la Resurrección, sin el triunfo de la vida sobre la muerte. Y en ella habrá que pensar cuando el Resucitado y su Madre se encuentren. No será un encuentro en el Camino de la Amargura, sino en la vía de la alegría, del júbilo y de la victoria.

 

            Muchas gracias

                                

Manuel Estella Hoyos

 

© Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo

© Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo

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