Pregón Año 2000

PREGÓN DE PASIÓN

 COFRADÍA PENITENCIAL DE LA SAGRADA PASIÓN DE CRISTO

Iglesia Conventual de San Quirce y Santa Julita

Valladolid 26 de marzo de 2000  

D. José María Pérez Concellón

Fotógrafo oficial de la Junta de Cofradías de Semana Santa de Valladolid

 

            Sr. Presidente de la Junta de Cofradías, Sres. Presidentes y hermanos de las Cofradías Vallisoletanas, cofrades de la Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo, amigos todos. Permitidme que me sumerja durante unos instantes en el pasado, y llevado por la nostalgia, traiga a este momento experiencias y sensaciones vividas, hace ya más de treinta años.

            Dejad que juntos, nos situemos en los albores de una incipiente primavera de los años sesenta. Estamos en la Plaza de las Batallas, donde un niño con pantalón corto, en aquella época el largo se ganaba con la edad, terminadas ya sus clases en el vecino colegio de la Sagrada Familia, juega al fútbol con una pequeña pelota de tenis, en compañía de sus hermanos y amigos.

            La semana laboral toca a su fin, y como cada viernes, se quedará jugando bajo la sombra protectora de sus abuelos, pues ambos, paternos y maternos, viven en la misma plaza, hasta que llegada la noche, sus padres vuelvan a buscarle.

            Pero hoy, es Viernes de Dolores, y hay algo en el ambiente, que aunque se escapa al entendimiento de los niños que allí juegan bulliciosos y alborozados, presagia que algo va a acontecer, que algo ya está sucediendo.

            Las conversaciones de las gentes, que sentadasen los bancos de la plaza, departían de forma animada, se ven bruscamente interrumpidas, y se transforman en un creciente murmullo. Todas las miradas se dirigen hacia el fondo de la calle Covadonga, donde se abre paso una misteriosa comitiva, que llama la atención de todos los viandantes.

            El revuelo que acontece en la Plaza hace que los chavales abandonen sus juegos, y con creciente e infantil curiosidad, se arremolinen en torno al inicio de la calle para presenciar, lo más cerca posible, el transitar de los personajes, que revestidos con hábitos de color gris, pasan lenta y silenciosamente por delante de sus sorprendidas miradas.  El  niño contempla el espectáculo boquiabierto, embargado por la emoción, y con el corazón latiéndole en el pecho de forma desbocada.

            Es, como os digo, Viernes de Dolores, inicio y clarín de la Semana Santa Vallisoletana. La procesión, como ya habréis sospechado, es la que antiguamente celebrabais, a modo de pregón, anunciando lo que habría de suceder en los nueve días siguientes, recorriendo las calles de los barrios de La pólvora y Batallas. Y el incipiente mozalbete no es otro, que el que hoy, modestamente se dirige a vosotros, para confesaros que aquella procesión, y aquella cofradía, fueron las culpables de que en mí, germinase esa pasión, que por nuestra semana santa, sigo sintiendo hoy en día.

            Ha pasado ya mucho tiempo desde entonces. Muchas cosas han cambiado. La celebración de aquella humilde procesión se perdió con el transcurrir de los años, al igual que, lamentablemente, también yo con el devenir del tiempo, perdería la sombra protectora de mis abuelos. La Cofradía cambió de nombre, o más bien debiera decir que recuperó otro más antiguo. Y también cambió de sede, abandonando la histórica Iglesia de Santa María Magdalena, para recalar en esta, no menos bella y antigua, pero si quizás más entrañable, de San Quirce y Santa Julita, que hoy nos acoge. Cambió el barrio y hasta el nombre de la procesión. De "Penitencia y Caridad" a "Oración y Sacrificio". Por cambiar, hasta cambió, entre comillas, el imaginero, autor del Cristo de vuestra devoción.

            Muchos cambios como os digo, pero sin embargo, a mi parecer, seguís manteniendo la esencia que siempre habéis mostrado, y que yo, desde una mirada infantil, ya percibí la primera vez que os vi procesionar por las viejas calles de mi ciudad.

            Desde aquellos años sesenta os he seguido acompañando de diferentes maneras. Primero como miembro de otras cofradías hermanas, compartiendo procesiones y actos litúrgicos con vosotros. Después captando en imágenes la cuidada escenografía litúrgica con la que, año tras año, ofrecéis a la ciudad lo más granado de vuestro sentir cofradiero.

            Y de esto, es de lo que hoy, he venido a hablaros. De un cartel en el que se intenta recoger la esencia de vuestra antañona Cofradía, y con el que pretendéis anunciar a vuestros conciudadanos, que la Semana Santa ha llegado, y que un año más, celebraréis vuestros cultos, ampliando horizontes y abandonando el confortable seno de vuestra sede, para decirle a todos los vallisoletanos y gentes venidas de fuera, que vuestra fe sigue intacta, y que con vuestro disciplinado y modélico procesionar, así lo queréis manifestar, públicamente, por las recoletas calles de esta vieja ciudad imperial.

            El cartel proclama a los cuatro vientos, que el Jueves Santo, uno de esos que hay que hay en el año, y que brillan más que el sol, tendrá lugar la Procesión de Oración y Sacrificio, y capta un instante de esa misma procesión, cuando, en los extertores de una tarde primaveral, que nos ofrece su agónica luz, después de abandonar la calle Expósitos, y habiendo dejado tras de vuestro cortejo los Palacios de Valverde y de Fabio Nelli, abrazando la fachada de ese museo que es la Iglesia de San Miguel, os dirigís en solemne actitud hacia la Catedral, transitando por la calle Concepción.

            En la fotografía he tratado de captar vuestro silencio, vuestra actitud de respeto, la tenue y bella iluminación de vuestra imagen titular, el cuidado exhorno floral con que cada año engalanáis al implorante, y tan querido  por  mí,  Santísimo Cristo  del  Perdón,  y  el  misterioso, desasosegante  y  estremecedor  claroscuro  que  acompaña,  en  todo momento, el recorrido procesional de vuestras imágenes, por las calles más señoriales de nuestra recia y castellana ciudad. Si al verlo, os recorre el cuerpo un tenue estremecimiento, igual al que yo siento, a pesar del tiempo transcurrido, cada vez que me pongo con mi cámara delante de vuestra venerada imagen, habremos conseguido nuestro objetivo.

            Y junto a este, otro cartel que ve la luz por segundo año consecutivo, poco a poco vais acrecentando vuestra dilatada historia, el que nos muestra en añejos tonos, uno de esos momentos por los que sobradamente se justificaría la mirada curiosa de un viajero en Valladolid.

            Un instante, congelado en el tiempo por obra y gracia de la técnica fotográfica, que pone ante nuestros ojos, el majestuoso procesionar del crucificado, del que toma nombre la procesión: Ejercicio Público de las Cinco Llagas, Procesión de belleza singular y con sabor de otros tiempos, que esta Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo, echara a andar hace muy pocos años, con indudable acierto y no menos encomiable mérito, que avanzando lenta y recogidamente, por las anacrónicas calles de la antigua judería primero, y prosiguiendo después por el viejo barrio de Reoyo, portando a hombros y alumbrando con velas la imagen de Cristo en la cruz, va desgranando oraciones a las cinco heridas abiertas en el cuerpo lacerado del Señor, frente a los conventos de clausura de la ciudad, terminando junto al de Santa Catalina de Siena, en la recóndita calle de Santo Domingo de Guzmán. Vestigio de un Valladolid medieval, calle de oración, recogimiento e interioridades, calle con aromas  a tranquilo y silencioso patio de convento. Y este es precisamente, y no otro, el momento que vemos inmortalizado en la fotografía.

            Sábado de Pasión y Jueves Santo. Dos días. Dos procesiones. Dos momentos. Dos carteles pues, que nos anuncian la proximidad de la Semana más internacional, que Valladolid puede mostrar al mundo. Dos carteles, que han sido confeccionados con esmero en Gráficas Valop, en la casa de un miembro de vuestra hermandad y amigo de mi familia, y que hoy podemos disfrutar todos aquí reunidos.

            Espero que ambos carteles vengan a colmar vuestras expectativas e intenciones, y que sean una señal más, de que esta cofradía está cada día más y más viva e incardinada en la vida cultural y religiosa de Valladolid.

            Yo por mi parte no lo deseo de otro modo.

            Muchas gracias

                              

 José María Pérez Concellón

© Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo

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